domingo, 16 de agosto de 2015

Nombrar


Hayv Kahraman, (detail) -Hapool Meshkhoor- 2015, oil on linen, Jack Shainman Gallery


                                             Gnossienne N.1 de Erik Satie



En el silencio 
comienzan 
a  fraguarse 
las palabras. 
En la necesidad
de dar forma 
y vida a
la emoción 
que balbucea 
en la boca 
del estómago.

Dejan constancia, 
revelan, con mayor 
o menor acierto, 
lo que  a punto está 
de germinar, 
lo que aún no es, 
lo que está 
por nombrar 
para comenzar 
a ser. 

Cuando 
los labios 
las pronuncian, 
se hacen verbo.

Y si nombrar 
limita, reduce
y simplifica...
Si nombrar 
yerra, distorsiona
y precipita...
dale solo
un nombre pasajero
que te arrope
cuando llega
la noche
a tu cama sin alma.

Luego déjala ir.
Que la emoción siga
inasible, inefable.
Que siga creciendo,
mutando.
Que siga libre.
Ya no la nombres,
cuando llegue el día.

AMPARO DE VEGA REDONDO

Hayv Kahraman

Hayv Kahraman



viernes, 14 de agosto de 2015

Negro sobre blanco



Escribir es como emprender una aventura, un viaje lleno de posibilidades y elecciones, en el que siempre pueden surgir imprevistos y de cuyo verdadero final el propio escritor debe sorprenderse, aunque viaje con brújula o con mapa. 

Sí, fumar perjudica seriamente la salud y se puede escribir igual sin hacerlo, pero ellos fumaban.





Este texto forma parte de un prólogo que escribí hace un par de años para una publicación en papel (sí, en papel) del Instituto Jándula de Andújar (Jaén) en la que recogen los relatos presentados a un concurso de creación literaria que celebran cada año y que va ya por su séptima edición. Enhorabuena a Jesús Vera y a todos los que colaboran con él para llevar a cabo este proyecto.



Leer y escribir, dos caras de la misma moneda; el ejercicio de la lectura solo es posible gracias a la creación del otro y el que escribe siempre lo hace para ser leído por alguien, aunque sea por uno mismo. Pero además, de alguna manera, estamos reescribiendo lo que leemos porque cuando se produce ese maravilloso milagro de la identificación (necesario e inevitable) solemos creer que lo que estamos leyendo ya lo habíamos pensado o sentido, la persona que lo ha escrito solo se nos ha adelantado o ha demostrado un mayor talento o lucidez para darle forma, sacarlo de las tinieblas de la mente y ponerlo por escrito. Y es que lo que escribimos ya existe en nosotros, sólo tenemos que descubrirlo.

Todas las personas podemos escribir de una manera creativa, y a escribir se aprende escribiendo: en una servilleta de papel, un recorte de periódico, un post-it, la agenda que llevamos encima, o en el margen de un libro. Son numerosísimas las citas de escritores ilustres sobre el oficio de escribir, pero tal vez la más elemental, que no simple, aunque parezca obvia, es aquella del poeta francés Stéphane Mallarmé: "Escribir es poner negro sobre blanco". El que lee se aferra al negro y el que escribe siente el vértigo del espacio vacío del blanco. Todos podemos impregnar de negro un trozo de papel, la pantalla de un ordenador, una tableta o cualquier otro dispositivo digital...

Las ideas y las emociones son evanescentes, tienden a disiparse con facilidad, y el modo más efectivo de hacer que perduren es ponerlas por escrito -tanto más ricas cuanto más puras-, recogerlas en ese primer estadio que garantiza su frescura y su carácter genuino. Y al decir esto, no pretendo soslayar el hecho irrefutable de que escribir es un arte, un acto que requiere de la organización en la expresión. Pero ese primer estadio en el que las emociones y las ideas afloran, y que son el germen de cualquier escrito, es valiosísimo. El primer borrador no debe someterse a la censura ni a norma alguna. Luego debemos organizar las palabras, las frases y los párrafos, podemos reinterpretarlos, jugar con ellos, adornarlos o desproveerlos de ornamentos y, necesariamente, someterlos a las reglas del estilo y la retórica.

No hay nada nuevo que decir, pero si hay algo único es el modo que cada uno tenemos de mirar el mundo y que al plasmarlo en la escritura tiene la capacidad de generar el efecto del descubrimiento de algo nuevo y, a la vez, paradójicamente, el del reconocimiento, al conseguir transmitir emociones que son universales a todos los seres humanos y que a veces solo se hacen conscientes durante el proceso de la lectura.

El noble oficio de la escritura nos permite diseñar mundos que sólo nosotros gobernamos y sobre los que podemos ejercer nuestro control, siempre que seamos fieles a las reglas del juego. Ese es el gran privilegio de la escritura, el que nos permite adentrarnos en nuestros mundos, explorarlos, materializarlos y compartirlos con el otro.



Amparo de Vega Redondo








martes, 11 de agosto de 2015

Someday my prince will come



Combing hair Hayv Kahraman 




                                                   


En ellas comienzo y en ellas termino, en las palabras que te dejé en una nota enterrada en tu desorden alternativo, junto a la bicicleta oxidada, cuando aún resonaba en mis oídos la trompeta de Miles. El muro de Berlín aún no había caído y nos encontramos en un local de Kreuzberg.  Enseguida supe que tú no eras el príncipe que se deslizaba por la partitura de ébano. No entendías la ternura, ni la profundidad de los besos periféricos que recorren los labios. El tequila nos allanó tanto el camino que llegamos con premura, sin disfrutar de paisaje alguno, a tu destino, que no era el mío. Al despertar, la música cesó de manera abrupta, supe que mi príncipe aún estaba por llegar y que tú habías dejado escapar a tu princesa.





viernes, 7 de agosto de 2015

Madison time

Al final, ella siempre baila sola...
                                  
Bande à part (1964). Jean Luc Godard




 Bande à  part (1964). Jean Luc Godard 

"Come on little stranger
There's only one last dance
Soon the music's over
Let's give it one more chance"

"Vamos forastero,
sólo queda un último baile.
Pronto acabará la música.
Démosle otra oportunidad"

Dance with me. Nouvelle Vague





                                           
  

El Madison es un baile que se hizo popular en la década de finales de los años 50 a los 60. Surgió en USA y se basaba en el twist. Aunque era un baile de "a dos", o de varios grupos de parejas, no había contacto físico entre ellos. Podía bailarse en fila, en círculo o uno frente a otro. Eran varias las posiciones de este baile que, además, se prestaba a la improvisación.

En España vimos una muestra del Madison en la película Marisol rumbo a Río (Fernando Palacios1963)interpretada por Pepa Flores pero, sin duda, la escena cinematográfica más emblemática de este baile fue la de la película de Jean-Luc Godard Bande à Part (1964)en la que los tres personajes protagonistas (interpretados por Claude BrasseurDanièle Girard y la que fuera musa de Jean-Luc Godard e icono de la Nouvelle Vague, Anna Karina) hacen una deliciosa coreografía en la que luego se inspiraría Tarantino, gran admirador de  Godard, para la famosa escena del baile entre John Travolta y Uma Thurman en Pulp Fiction (1994)Y otra muestra la tenemos en la película Hairspray (John Waters, 1988) 


Y al recordar esta película, no puedo obviar otra de sus secuencias más conocidas que, además, reproduce una pequeña "gamberrada" que me hubiera encantado llevar a la práctica: recorrer el Museo del Louvre en un tiempo récord, unos nueve minutos. El gran Bertolucci, a su vez, rindió también homenaje a esta escena de Godard en su film Soñadores (2003)                                        








Adoro la frescura y la libertad creativa de Godard, el charm de Anna Karina, las películas con las que nos sorprendió la Nouvelle Vague y a Bertolucci, a pesar de sus irregularidades. Además, me gusta el Madison y la música que hace este colectivo francés, Nouvelle Vague, que ha tomado el nombre de ese grupo de cineastas franceses surgido a finales de la década de 1950; cineastas que reaccionaron contra las estructuras impuestas  hasta entonces y que aspiraban a la libertad de expresión, así como a la libertad técnica en el campo de la producción cinematográfica. 
                                                    

AMPARO DE VEGA REDONDO


miércoles, 5 de agosto de 2015

El pulso de la noche



Brooke Shaden Photography

                                               


"En un beso, sabrás todo lo que he callado"

Pablo Neruda



Desde mi cama, y más allá de la ventana que da a la calle de atrás, escucho el sonido de los camiones que recogen los desechos del día y alguna sirena que se pierde en la distancia. Escucho las voces dispersas de quienes transitan la noche: vagabundos, jóvenes ebrios, y alguna disputa de pareja. Desde mi cama veo el reflejo de unos faros que se funden en negro apenas el ruido del motor cesa. Y más allá, en la avenida, se adivina el fluir de los coches, el estruendo metálico de las persianas que cierran bares. Y con el olor de los brotes de las noches de verano llega, enredado en él,  el del amor que se esconde en los rincones y se agazapa en las plazas. Y más allá aún, el río, con sus incógnitas y su sereno discurrir. Y luego llega el espejismo del mar, tan bronco, tan lejano y tan presente. Hago del recuerdo una sensación y me dejo tocar por la brisa, escucho el rugir del oleaje y el dócil bramido de la espuma que acaricia el margen; huelo la sal, y veo la isla de tres sílabas. Es esta visión la que me permite traspasar la inquietud que ahoga los vértices de mi cama. Desde ella, y más allá de la ventana que da a la calle de atrás, escucho el crepitar de la hoguera de una Noche de San Juan en la que quemamos el rastro de los días pasados y soplamos las cenizas. Esparcidas quedaron y tanto, tanto, que en cualquier momento me parece ver un albatros sacudiendo sobre mí una mota que ha guardado en un pliegue de sus alas. Ave errante, capaz de llegar hasta mi cama en el momento último previo al alba cuando el pulso de la noche ya no es sino un eco.



domingo, 26 de julio de 2015

Clepsidra


Passing time. Hayv Kahraman


































                                           
A lomos de una gacela, nunca duerme y, siempre atento, no descuida ni un solo amanecer. Sus ojos contienen el mundo y cada uno de sus instantes, incluso el más minúsculo. Pasa por delante de ti y en el reflejo de su blanco vientre esconde una clepsidra. Nunca te fijaste en ella hasta AHORA, cuando ya los días se confunden unos con otros y las estaciones parecen solaparse. Nunca sentiste el vértigo como AHORA, cuando identificas el olor de la flor de la acacia por vez primera, y observas la naturaleza caduca de sus hojas. Y AHORA esperas verlo pasar de nuevo, tu mirada fija en él en un intento inútil por detenerlo cuando atraviesa la sabana. Corres tras el antílope del tiempo, pero tu zancada jamás podrá ser tan larga. Siempre irá por delante de ti. Y para cuando alcances la línea del horizonte él ya no estará.


AMPARO DE VEGA REDONDO

lunes, 20 de julio de 2015

Delta



Mujer leyendo en la playa (1994) óleo 61 x 73. Fabio Hurtado http://www.fabiohurtado.com

Entre los mejores amores, los que nunca se olvidan, están aquellos que nunca ocurrieron


                                             
                                           



En el delta de mi pubis se concitan mis únicas certezas. Latidos precisos y diestros que arrasa la marea dejando el río marchito. Pero para cuando arrecie el viento del norte, lo tengo todo dispuesto: hay leños en la buhardilla, té caliente y dos tazas en la mesa, y por si acaso vinieras y no templaras tu frío, he sacado aquella manta que tejimos una noche con un puñado de estrellas.


AMPARO DE VEGA REDONDO