Casi todos nuestros temores, deseos y sueños habitan un lugar solitario que está dentro de nosotros y en el que, paradójicamente, muchos confluimos, a veces a destiempo, otras compartiendo espacios paralelos. A este lugar solitario en el que buscamos refugio y respuestas a través de la música, la literatura, el cine, la pintura, el ARTE, sois todos bienvenidos.
Amanecen los sueños
en el edredón revueltos.
Nos sucederán otros cuerpos,
otras voces, otros gestos.
Pero todos los que estuvimos,
allí seguiremos.
Adherido nuestro aliento
a lunas y ventanas,
esparcidas las semillas
sobre alfombras y sábanas.
Esencias, humores...
Momentos inefables
que la lente nunca capta...
Tú y yo allí seguiremos,
como un reflejo,
cuando ya no estemos.
Algunas cosas no se razonan. No piensas que tienes hambre o sed; te lo dice el agujero que sientes en la boca del estómago o la garganta, quebrada por la aridez. Tienes frío o calor. Te duele una parte del cuerpo, o sientes ese malestar impreciso y difuso que se irradia desde el centro a cada uno de tus miembros, una aflicción peor que el dolor. Desearías que un corte incisivo y un brote de sangre distrajeran la atención de los sentidos; también ellos tienen memoria. La certeza no se piensa. no se cuestiona, la sientes, la sabes, habita en tus entrañas. Ellas nunca cavilan. Te quitas los zapatos y vas.
Ella cruza el umbral,
él la espera
en la margen izquierda
del río blanco,
con su cola de pez
y su unicornio roto,
el lomo lacio,
la crin palpitante.
Ella se acerca,
le alcanza.
La mano en su nuca,
el roce en la comisura
donde mulle su cama.
Los cafés, bulevares,
soportales y terrazas,
la metrópoli entera,
la habitación, los besos,
la entelequia del amor,
aguardan.
Por encima de mí, el cielo. Se agotaron los dioses al compás del tiempo. Los que me dieron la vida, primero, luego los artistas, filósofos y galenos. Después, los amores. Y mientras tanto, se fueron mis padres. Por debajo de mí, lo que me aferra al mundo, a quien le entrego mi savia, un dios humano, mi mejor obra, la estela que dejo. Cuando mueran sus dioses que algo le quede por encima del suelo.