Casi todos nuestros temores, deseos y sueños habitan un lugar solitario que está dentro de nosotros y en el que, paradójicamente, muchos confluimos, a veces a destiempo, otras compartiendo espacios paralelos. A este lugar solitario en el que buscamos refugio y respuestas a través de la música, la literatura, el cine, la pintura, el ARTE, sois todos bienvenidos.
Versátil tu rostro, Colmado de silencios Sobre tu cuerpo vacilante. Bajo tu vientre Se marchitan las rosas, Las arterias de tu cuello Riegan tu pecho descarnado, De la metafísica del amor Y su abstracción, enamorado. En el dobladillo de tu falda Escondes tu aflicción Y los besos que no diste Cuando bailabas descalza En las dunas de Erg Chegaga.
La que no me muestras,
La que más te escuece,
La que te inmuniza,
La que resiste el olvido
Y el tiempo engrandece,
La que comparece
Como mi rival más fuerte,
Esa es la herida,
La que más me duele.
Dime que estarás aquí
El próximo verano
Para retirar un mechón de mi frente
Y cubrir mis hombros con tu abrazo.
Dime que brindarás conmigo
En las tardes de Siroco
Y colmarás mis manos con tu aliento.
Dime que sostendrás mi cuello
Cuando me pesen los días
Y asirás mi brazo con el tuyo
Cuando zozobre mi cuerpo
En arrecifes de coral.
¿Dónde vas, Gilberte,
Cuando te alejas
Por el paseo de los tilos
Apoyada en tu muleta
De ébano y marfil?
El diario local asoma
De tu bolso de serpiente
Donde reside tu mundo
En perfecta armonía.
Reclinada sobre el puente
Buscas tu reflejo, inútilmente,
En un río de piedras.
Escuchas los nombres
Que una vez pronunciaste,
Sonidos huecos, como tus ojos.
A menudo te pienso, Gilberte.
Me pregunto si sabrás volver
A tu nido de almas sin memoria
O te perderás en tu propio olvido
Dejando al borde de los tilos
Tu esbelta figura de ébano y marfil.
Te llevaste mi risa
Alborotada y libre.
La plenitud inefable
De mañanas de verano
Cuando eramos tres
A bordo de un barco
Varado ahora en el fango.
Me arrancaste el amor
Y me dejaste tu estela
Corregida y aumentada.
Ella te hace presente
En mi lugar solitario
A pesar de tu ausencia.
De tu abrazo
Sobre mis hombros caídos
He hecho mi casa
De sólidas columnas
Y amplios ventanales
Abiertos al mar de Libia.
Tras ellos espero cada día
Los últimos reflejos
De la dorada tarde
Cuando la desazón se desvanece
Y florecen los placeres serenos
No exentos de pasión.
Los grillos frotan sus alas
Desde un lugar de la memoria.
Bajo su techo te contemplo
Y voy hacia ti
Por el pasaje del tiempo.